Cinthia Fernández reveló dos episodios de violencia que habría sufrido con Matías Defederico

Esta semana Cinthia Fernández se quebró en Los Ángeles de la Mañana (El Trece) al contar detalles de su relación con Matías Defederico. “Me dijo: ‘Tus hijas el día de mañana van a saber que rompiste una familia’. El argumento básico es que yo soy la puta y la trola. Todo el tiempo me dice que va a contar cosas y que mis hijas van a tener vergüenza de mí porque ‘su mamá es una trola’. Y no fue la única violencia. Me tiene amenazada con que yo le había metido los cuernos. No lo hice, ojalá lo hubiera hecho”, había señalado la bailarina, quien tuvo con Defederico a Bella, Charis y Francesca.
En el programa de este viernes, Cinthia describió por primera vez dos situaciones violentas que vivió con Defederico, de manera explícita y sin ahorrar detalles. “Terminaste en un hospital en Chile, ¿por qué?”, le preguntó Ángel de Brito, conductor del ciclo. “Fue muy doloroso para mí y claramente fue un límite. Una noche él volvió ya de mañana, a las 8, totalmente borracho, un estado que yo acostumbraba a verlo. Le pregunté: ¿’Dónde estuviste?”, una pregunta normal para alguien con quien estás viviendo una familia, algo que pretendía yo. Y se puso muy agresivo: “No me jodás”, me dijo. El se tira a la cama porque no se podía mantener en pie. Y yo le agarro el teléfono para saber donde había estado. Como pudo, el se levantó, yo me encierro en el baño. Y empezó a las patadas con la puerta. Entró al baño y yo tratando de ver lo que tenía en el celular. Mis hijas estaban durmiendo, la niñera estaba en otra habitación. Me saca el teléfono de la mano y lo estalla contra el piso. ‘Esto querías ver, hija de puta, miralo ahora’, me dijo”, comenzó a contar Cinthia de un episodio ocurrido hace exactamente cinco años. “El celular me recordó la fecha”, dijo.
Según su relato, la violencia de Defederico estuvo lejos de detenerse: “Después de que tira el teléfono, me agarra del cuello y me sube contra la pared. Y yo ahí sentí que me iba a morir. Real, pensé que me moría porque no podía respirar. No sé si cambié de color o qué, yo hacía este sonido (hizo una onomatopeya de respirar con dificultad), hacía señas con las manos… Después, él me suelta y yo caigo de rodillas al piso. Me agarró del cuello, me puso la rodilla atrás de en la espalda y mi cara quedó contra el piso: ‘Ahí tenés, hija de puta’, me decía”, siguió contando la bailarina.
“Cuando el me suelta, salgo del baño y voy para la habitación. Y él viene de atrás y me tiró contra la cama. Cuando me tira contra la cama, mi dedo se engancha con el acolchado, y se me dio vuelta totalmente, se me vuelta el dedo del pie. Empecé a gritar porque no entienden el dolor que sentí en ese momento… no sé si se golpearon el dedo contra la cama, bueno, es así pero cinco veces más”, describió. Acto seguido, De Brito mostró una foto en su teléfono celular: la prueba del pie lastimado de Cinthia: “Eso fue a la mañana de ese día, cuando uno se fisura los huesos se le hace el hematoma en el momento”, describió Fernández.
Cinthia no estaba sola en la situación: la acompañaba Olga, “una niñera que me había traído desde Argentina y con quien tengo contacto hasta el día de hoy. O sea que también tengo testigos, porque ella escuchó absolutamente todo”. Después del golpe en el pie, la bailarina decidió ir a un hospital a revisarle y le encomendó a la niñera que agarre “un cuchillo, encerrate en la pieza y no salgas por nada del mundo. Si el se llega a despertar y no estoy, te pido que trabes la puerta de las nenas”, recordó.
Para llegar a su revisación, Cinthia contó que “me fui sola, de madrugada, no conocía nada, no tenía obra social. Le había sacado plata de la billetera a Defederico porque no tenía nada. Fui a hacerme una placa. Cuando desarmé las valijas al llegar a la Argentina, un tiempo después, las encontré y se las di a Olga: ‘Llevátelas, porque si él las ve, me mata’. Porque era la prueba”.
Luego, Fernandez contó un “segundo episodio”, ocurrido en Ecuador, país en el que Defederico se desempeñó como delantero del equipo Universidad Católica, un año más tarde de su experiencia en el San Marcos de Arica, de Chile. “Esa fue la única vez en mi vida en la que sentí ganas de matar, eso que dicen emoción violenta”, describió Cinthia.
Sin entrar en demasiados detalles, porque “incluye más específicamente a una de mis hijas, no porque me esté haciendo la misteriosa o porque no quiera hablar”, Fernández contó que en ese momento sintió que “cuando yo vi a mi hija así, quería matarlo. Era una cosa que se me salía del cuerpo y no lo podía controlar. Que me toquen a lo que más amo en la vida fue… no lo puedo explicar, me corre el mismo fuego que ese día sentí. Yo lo tuve que empujar por las escaleras, abrazando a mi hija, como alejándolo, porque él me gritaba: ‘No me denuncies, no me denuncies’, en vez de querer agarrarla a mi hija”.
Si bien no especificó de cuál de sus tres hijas se trata, Cinthia contó que “mi hija tiene una marca que la va a tener para toda la vida porque esa parte se necrosó, se murió. Y eso es lamentablemente una prueba viviente”.
Tras las revelaciones, Cinthia indicó que fueron pocas las personas que hasta este momento sabían lo que había sufrido con Defederico. Una de ellas, era su ex pareja Martín Baclini, quien la alentó a iniciar un juicio: “Para mí fue muy violento también sentarme con él, frente a mi abogado, y contar todo, que se desayunara de todo eso. Mi abogado me preguntó qué quería hacer y yo dije: ‘Nada, porque se va a enterar todo el mundo’. Porque yo tenía esta amenaza, de hecho a Martín no le dije que Matías me amenazaba, porque me daba vergüenza de que se desilusionara de la persona que tenía al lado”, dijo entre lágrimas.
“Esta es mi historia, que yo ya la transité, pero lloro porque es un descargo que no pude hacer durante mucho tiempo”, cerró Cinthia Fernández su relato.
Si sufrís violencia de género o conocés a alguna víctima, llamá al 144: es gratis y atiende las 24 horas.

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