Duki presenta su segundo disco: “Si yo cantara piola, no usaría autotune”

“Creo que ustedes aún no están listos para esto, pero a sus hijos les fascinará”, dijo Marty McFly cuando inventó el rock, acompañado por la banda de Marvin Berry, primo de Chuck. Distorsionado y grave, el textual vuelve a oírse en la intro de “Cascada”, un trap oscuro y seco con ecos de sintetizadores que hacen olas: “Duko trajo la cascada cuando pisó la ciudad / yo soy el fuckin’ tsunami, van a aprender a nadar”, rima Duki describiendo en tercera persona el efecto que generó su irrupción en la escena musical argentina. Y de manera lateral, con esa cita extraída de Volver al Futuro, se vuelve a poner sobre el tapete una realidad actual: que en los oídos más jóvenes, donde antes había rock, ahora hay trap.
El tema en cuestión es uno de los 18 que componen Desde el Fin del Mundo, el flamante segundo disco de estudio de la estrella más luminosa del firmamento del trap, el rap y el hip hop hecho en Argentina. “Todo el disco fue creado con sudor y trabajo en FL Studio o Ableton Live y luego mezclado y masterizado con Pro Tools. Se han usado instrumentos analógicos: guitarras, sintetizadores, bajos, baterías, quena, voz humana, voz humana + autotune. Fuck That Shit”, escribió en la contratapa para develar las herramientas utilizadas para edificarlo. “Sudor y trabajo” es la primera canción del álbum, pero también método y declaración de principios.
“Cuando era chiquito, mi vieja siempre me retaba porque yo era muy vago. Y me decía: ‘Podrás ser inteligente, podés hacer lo que quieras, pero sin voluntad no vas a llegar a ningún lado, Mauro’. Y cuando empecé a rapear, le puse voluntad: de repente, estaba todos los días yéndome re lejos, volviendo re tarde, rapeando en el tren para conseguir plata para viajar. Después, empecé a hacer fechas de freestyle, me pagaban dos pesos y viajaba 20 horas… cuando te das cuenta de que hay algo que de verdad te motiva y te moviliza, te empezás a mover y empieza toda esa fuerza de voluntad. Y es totalmente así: sin sudor y trabajo no vas a lograr nada, las cosas no llegan solas. Aunque tengas un don nato para algo, aunque hayas nacido con algún tipo de talento, si no lo trabajas ni lo perfeccionas, no va a terminar en un proyecto grande o algo duradero”, le dijo Duki -Mauro Ezequiel Lombardo, según su DNI- a Teleshow.
Quien esté dentro de este texto y ya conozca al artista en cuestión, puede continuar leyendo. Pero quienes aún no sepan acerca este muchacho porteño, de 24 años, que genera fascinación dentro de su nicho -cada vez más amplio- mientras cada uno de sus tracks amontonan escuchas de a millones, pueden remitirse al primer encuentro entre el rapero e Infobae, ocurrido en junio del año pasado y que se llamó “Fideos con Duko”, título que Duki tomó prestado para montar su propio ciclo de entrevistas.
Abril de 2021, falta una semana para que se edite el disco que nos trajo hasta aquí: una casona en Palermo Viejo, de dos plantas, varios recovecos y una terraza amplia. Antes era un hostel y ahora el manager del rapero, Facundo Alama, la acondiciona para convertirla en una base de operaciones que incluirá estudio de grabación, sala de ensayo, escenario para fotografías, lugar de reuniones. Unos obreros martillan y taladran a la hora de la siesta. Duki aparece manso, en cámara lenta, más preocupado por lavarse los dientes después de su almuerzo que por hacer la entrevista. “¿Tenés algo de porro ahí?”, le pregunta a alguien y arma un canuto con seda de habano. Ahora está listo para conversar y lo primero que dice es sentirse “más profesional, más responsable, más adulto con la música” que sus fans ya deben estar escuchando.
Lo que sobresale en las primeras escuchas es el tratamiento artesanal entre los beats guiados por las máquinas y los instrumentos sanguíneos que normalmente utilizan las bandas de rock y de pop, para vestir esta colección de canciones. La balada trap “Chico estrella”, “I Don’t Know” -donde desgarra versos como nunca-, “Ticket” -con su arranque britpop-, “Sol” -en dueto con la cantante Lara91k-, “Muriéndome” -un pop rock dinámico junto a Khea- y “Muero de fiesta este finde” -un nü-rock con Ca7riel- son algunas de las muestras más acabadas de esta evolución. Misión que Duki le encomendó a Yesan y Asan, productores generales del álbum. “Yo venía hablando con Yesan que me sentía medio encerrado ya, estaba podrido de escuchar el mismo hi-hat, el 808, todo lo mismo. Tenía ganas de meter instrumentos, de hacer cosas más espaciadas, de buscar una forma de expresarme mejor, de no tener que rimar todas las barras directamente, como hacemos siempre, tratando de usar alguna frase más metafórica, poética”, explicó el rapero.
“Primero lo elegí a Yesan porque si bien es muy capo al nivel de conectar en el proceso creativo y de composición, es una bestia tocando los instrumentos y yo quería darle este toque analógico al disco. Justo pasamos por Gibson, nos habían dado una guitarra y le metió guitarra… creo que hay en todos los temas y las tocó casi todas él. De repente se me ocurrió que le faltaba una vuelta de rosca a nivel postproducción. Y dije: ‘Bueno, lo vamos a llamar al Asan’. Y los junté para hacer esta mezcla análoga / digital. Por un lado, Yesan, que es un catedrático de la música, y por el otro lado, Asan, que es un niño del 2000, agarró el FL, viene del palo de la electrónica y te hace 20 mil texturas, 20 mil sonidos. Vino Franu Alducín, tocó las batas y así se fue armando, detalle por detalle”, amplió.
El arte del disco es un mapa de esta parte del mundo -hecho en una especie de papiro, estilo búsqueda del tesoro- que sitúa a la Argentina tanto en “el fin del mundo” como en “capital del trap”, a la vez en que se retroalimenta con los países cercanos. “Escuchando los temas nuevos dije: ‘Ok, esto es el trap que se conocen todos, pero hecho por un argentino que se mega nutrió de todo lo que escuchaba del género, ya sea americano, de la escena española, latinoamericana, el reggaetón de Puerto Rico, los raperos de Dominicana’. También dije: ‘Ok, esto es el fin del mundo, mi forma de sonar, es lo que yo le voy a mostrar al mundo’. Y de repente pensé: “‘Desde el fin del mundo’ no soy solo yo, hay otros cabrones haciendo esto”. Lo llamé a Young Cister, Julianno Sosa, Pablito Chill-E, todos de Chile; a los pibes de Uruguay: Mesita, Pekeño 77, Franux BB, 44 Kid; a Farina, de Colombia; a mis colegas de acá de Argentina, como Ysy A, Neo Pistea, Lucho SSJ. Y unificamos esto, que es el sonido de acá, del sur, que yo creo que es algo totalmente nuevo y distinto a lo de otros lugares. Fue agarrar una data, pum, hacerla tuya, mejorarla y sacar tu estilo… como funciona la vida, ¿no?”, detalló Duki.
Otra de las novedades que presenta el trabajo son las formas más reposadas y cantadas con las que Duki rapea, lo que resalta sus versos más introspectivos e íntimos por sobre las temáticas que caracterizan el estilo y el estereotipo rapero: zapatillas de lujo para pisar fuerte, el estilo para vestir (“pikete”), el bling-bling de las joyas, el humo de marihuana que nubla la vista pero no las ideas, autopercibirse el “jefe” de la escena, chicas, tatuajes y fiestas, quedan detrás de barras como “aprendí a volar, ya no me caigo” (“Chico estrella”), “todos diciendo que bien que me va, pero ninguno pregunta como estoy / ya todos sabemos que estoy pegao, lo que no saben es que estoy destroy” (“Sudor y trabajo”), “solo estoy cumpliendo la profecía, cuántas cosas que pasaron las predecía” (“Malbec”) o “tengo todo, antes no tenía nada / usando la ropa que a mi hermano le sobraba” (“Ticket”).
“Es más por crear una identidad, una estética, que por flexear. No soy un chabón ostentoso. Si quiero me puedo comprar tres Audi, los paro en la puerta y los hago sonar. Ok, esto es Duko. Y Duko sí abarca un par de zapas, porque a mí me encantan y me rompo el orto laburando para ir y comprarme las que quiero. Entonces, ¿por qué no lo voy a decir en un tema, si eso es lo que a mí me hace feliz y me gusta? Por eso lo digo así. Después puedo entrar más profundo”, se defiende.

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