El kirchnerismo 2020 viene con un presidente tutelado por el Congreso

Quedó confirmado el plan de la vicepresidenta Cristina Kirchner de unir los bloques peronistas de Diputados y Senado bajo la conducción de legisladores de su confianza, Máximo Kirchner y José Mayans,

respectivamente. Es la primera vez desde 1983 que la elección de los jefes de los bloques oficialistas no queda en manos del jefe del Poder Ejecutivo, sino de su segundo, el presidente del Senado.

Esta excepción no es fútil porque prefigura otra: la de un presidente tutelado desde el Congreso por su vice. Tampoco se trata de un poder bicéfalo, sino de un liderazgo político indiscutido que se decantó antes de que Alberto Fernández pisara siquiera el despacho que lo está esperando en la Casa Rosada.

El último ejemplo de este «putsch» fue el del Senado. Allí había (hay por ahora) dos bloques.

Uno, kirchnerista, que duplicará el número de sus integrantes a partir del 10 de diciembre, y otro, eufemísticamente llamado de los gobernadores, que se reducirá sensiblemente. Este lo preside (ía) el cordobés Carlos Caserio, muy cercano al presidente electo, pero que cometió la imprudencia de decir en público que Cristina Kirchner no era su jefa política, ni la de sus colegas de bloque.

De inmediato Alberto Fernández lo llamó para decirle que tenía un cargo para él en el gabinete. La conocida «patada para arriba»; se lo querían sacar de encima para permitir la unificación de los bloques. En resumen, CFK era su jefa política, pero Caserio lo ignoraba o pretendió ignorarlo infructuosamente.

El jueves hubo una reunión del bloque de los gobernadores. Hubo rechinar de dientes, pero también aceptación de lo inevitable. Todos, según trascendió, terminarán en el bloque digitado por CFK. Si Alberto Fernández no los apoya, quedan aislados y sin ningún poder.

La tutela de un presidente de la Nación por parte del oficialismo parlamentario es un ensayo completamente original. El poder institucional está en manos del presidente, pero el poder que dan los votos está en el Congreso. Habrá que ver cómo funciona este «modelo» con el telón de fondo de una crisis económica seria.

Se trata de un ensayo de consecuencias imprevisibles porque en la Constitución está bien claro que el régimen es presidencial y que quien ejerce ese cargo lo hace en forma personal, pero los inacabables azares del peronismo han dispuesto un escenario distinto. El Ejecutivo y el Legislativo serán a partir del 10 de diciembre más independientes que nunca. Habrá que ver si en algún momento, también antagónicos.

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