Huracán Dorian: en Bahamas “ya se siente el olor a muerte”

«Cuando íbamos manejando, podíamos sentir el olor a muerte». Esa es la elocuente descripción del enviado especial de la CNN a Gran Bahama, donde el huracán Dorian detuvo su marcha y descargó toda su furia entre el lunes y martes de esta semana, sembrado un campo de devastación.

«Cada casa, cada estructura, toda vida fue esencialmente destruida en esta área», informó Patrick Opomann de CNN, desde Bevans Town en Gran Bahama.

Hasta ahora el número oficial de muertos es de 30, pero las autoridades saben y ya avisaron que la cifra será abrumadora. La gente repite «no hay casa, no hay comida, no hay agua, no hay vida», como un mantra de desesperación.

Personal para labores funerarias y refrigeradores para almacenar cuerpos fueron enviados a la región para ayudar a las autoridades, informó el ministro de Salud, Duane Sands, a medios locales.

Sobre la cantidad de víctimas mortales, declaró: «Permítanme decir que creo que el número será impactante».

Un equipo de la AFP que el jueves sobrevoló el pueblo de Marsh Harbour, en la isla Gran Ábaco, vio escenas de daños catastróficos, cientos de casas destruidas hasta los cimientos, coches volcados, campos enteros de escombros e inundaciones generalizadas.

La extensión del daño en el norte de Bahamas comenzó a conocerse el jueves, a medida que los equipos de socorro lograban recorrer el área para rescatar sobrevivientes y llevar ayuda a las víctimas.

«Es un infierno en todas partes», dijo Brian Harvey, un canadiense de Montreal en Gran Ábaco. «Estaba en mi velero (…) Lo perdí todo».

«Necesitamos salir de acá», agregó. «Han pasado cuatro o cinco días. Es hora de moverse y salir de acá».

Steven Turnquest, quien llegó a la capital de Bahamas, Nassau, desde Marsh Harbour con sus hijos de cuatro y siete años después de capear la tormenta, contó que estaba agradecido de estar vivo.

En medio del temor a que la delincuencia se aproveche del caos en la zona devastada, el primer ministro Hubert Minnis advirtió que cualquier saqueador será castigado «con todo el peso de la ley», y afirmó que se habían desplegado agentes adicionales de las fuerzas de seguridad.

Helicópteros estadounidenses y británicos llevaban a cabo evacuaciones médicas, evaluaciones aéreas para ayudar a coordinar los esfuerzos de socorro y vuelos de reconocimiento para conocer los daños.

La Guardia Costera de Estados Unidos dijo que había rescatado a 201 personas en las Bahamas hasta el jueves.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU sostuvo que tenía ocho toneladas de comidas prontas para llegar a las Bahamas.

Pero, la gente no quiere esperar la ayuda, se quiere ir del infierno en el que quedaron atrapados.

Con sus posesiones en bolsas de plástico y demacrados algunos habitantes que perdieron sus hogares aguardan un vuelo para dejar la zona de desastre.

Algunos cientos de personas estaban reunidas el jueves en el parcialmente inundado aeropuerto Leonard M. Thompson, en la isla de Ábaco, donde pequeños aviones recogían a los sobrevivientes más vulnerables, entre ellos a los enfermos y a los ancianos.

La evacuación era lenta y algunos expresaron su frustración diciendo que no tenían a dónde ir.

«Nos dijeron que los bebés, las mujeres embarazadas y los ancianos supuestamente tienen prioridad», dijo Lukya Thompson, una cantinera de 23 años. Muchas personas siguen esperando, destacó.

A pesar de la adversidad y la incertidumbre, las personas en el aeropuerto mantuvieron, en su mayoría, la calma, a la espera aviones, embarcaciones y helicópteros prometidos.

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