Ibarreta mía (Por Carlos Toloza)

Fue el sol de enero

que encendió su corazón

y su alma ardió en el blanco

de sus chacras infinitas.

Gringa enamorada,

se dio sin recelos ni resguardos

al amor inagotable de esos años,

en días sin ponzoña ni malicia.

El indio originario

le protegió ese amor

en noches desveladas

bailando al cachurí,

y haciendo hijos nuevos,

rueda del tiempo y de la vida.

Fue para abril, en día histórico, 

que abrigamos la primera cuna,

y sembramos sueños infinitos

en el infinito cielo ibarreteño.

Fue para octubre, lo recuerdo, 

que los dueños del tiempo 

silenciaron las máquinas,

obturaron la tierra, 

se robaron las semillas 

y la escalera al cielo del amor 

y de los capullos familiares.

Duelen la tristeza, el polvo 

y las calles despintadas 

de estos tiempos ajenos, 

espinas de vinal en el alma

sin compasión ni lástima.

Te redimes en febrero 

en noches de luces y colores,

engaños de sueños multicolores: 

tres días de otros tiempos, 

de otros cielos y de otros amores.

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