¿Se perdió la esencia de educar?

He podido constatar que la falta de límites a los jóvenes no se debe necesariamente a una resistencia de los padres a ejercer su autoridad a una cómoda indiferencia sino a una infidencia más simple; los padres no saben cómo poner límites sin eufemismos pedagógicos, abandonaron el autoritarismo, el diálogo y dejan que el celular los eduque.

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