Si entre hermanos se pelean… (Por Ismael Martínez)

Observando el estado caótico de los pueblos sudamericanos -ahora Bolivia- cuyo luctuoso acontecimiento, nos toma de sorpresa y viene a demostrarnos que la «patriotera» aceptación popular, de las guerras fratricidas, no puede solo atribuirse a impulsos meramente crematísticos.
Esto nos llevaría al terreno de los estultos carroñeros, prebostes de entelequias políticas, cuya enjundia premeditada, se enmaraña en la «derecha» del embozado neoliberalismo, que se ensoberbece fisgoneando a los pueblos sudamericanos, caminando famélicos, con pantalones «cortos» remendados, mascullando broncas.
Los «nacionalidades» son las divisiones históricas, más natural de la raza humana. Se distinguen una de otras por particularidad de climas y geografías, cada una de ellas va desarrollando lenguajes, costumbres, distintivos y por medio de ellos llega a tener un «carácter» popular, una especie de «alma nacional» que se adentra tanto como cultura en los individuos.
La idiosincrasia boliviana con su memoria histórica acompaña a estos intereses, una especie de atmosfera de melancolía romántica, de nostalgias e idealización de los «tiempos pasado» y de las cosas lejana una ruidosa tempestad de nacionalismo liberal se abate sobre Sudamérica, cuya efervescente tesis sostiene estoicamente a los pueblos oprimidos, por los maquiavélicos opresores de la mayestática «derecha» marrullera hasta el hartazgo que deja a las comunidades hermanada -pueblos enteros- en condiciones sociales de inferioridad execrables.
Si la historia se preocupa por acciones humanas del pasado, cuya significación social está latente beligerantemente en estallidos sociales de real canato; se deben establecer los hechos y tratar de comprenderlas no como una verdad de Perogrullo.
La explicación, sin eufemismos para la historia, la memoria colectiva axiológica, el objeto, que ha de ser descubierto no es el mero hecho de los estallidos sociales, sino el pensamiento allí expresado. Descubrir ese pensamiento, es haberlo comprendido.
Esto deja inferir que para adentrarnos al meollo de la preocupante situación, inarmónica de estos pueblos hermanos solo elaboramos una explicación «empatética o proyectiva» de la comprensión de sus hechos, sosteniendo casi prosopopéyicamente un acontecer psicológico de exacerbación social, por un precio del despertar de los pueblos sojuzgados por «títeres» opresores de la cofradía neoliberal.
La Ley de cosechar lo sembrado es un principio filosófico incontrovertible. Cada pueblo escribe en lo intimo de sus «tierras», de su ser. La historia de sus culturas nosotros la hacemos… Bolivia también.

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