17 de octubre: cuando se torció el Riachuelo hasta Plaza de Mayo (Por Lic. Julio Gómez)

El 17 de octubre de 1945 marcó a fuego la historia argentina. Es el hito fundacional de uno de los movimientos políticos más grandes que recuerde la historia moderna y, en argentina, se ha constituido como el eje a través del cual giran la política, las pasiones y los dramas nacionales de los últimos 70 años.
Elevado ya a la indiscutida categoría de bisagra de la historia nacional, para algunos no fue más que una puesta en escena; mientras que para otros es el punto y aparte que se autoimpuso un pueblo cansado de estar solo y esperando. Y fue en busca de su líder.
Lo que ocurrió ese miércoles caluroso en la ciudad de Buenos Aires no fue una reacción aislada de un grupo de personas, que corrieron entre miles y miles rumbo a la Plaza de Mayo, sino que sintetizó el nacimiento de un movimiento de masas que para entonces llevaba décadas condensándose.
“Yo estaba en mi departamento de la calle Rivadavia y me llegó un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando; el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y enseguida su letra: ‘Yo te daré / te daré patria hermosa / te daré una cosa / una cosa que empieza con P / Peróooon’. Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud”, recordaba el poeta y escritor Leopoldo Marechal.
Esas multitudes “venían del Puerto Nuevo, de los talleres de Chacarita y Villa Crespo, de las manufacturas de San Martín y Vicente López, de las fundaciones y acerías del Riachuelo (…) Hermanados en el mismo grito y en la misma fe, iban el peón de campo y el tornero de precisión, el mecánico, la hilandera (…) Era el subsuelo de la Patria sublevado”, escribiría años después Raúl Scalabrini Ortíz.
Cuando todo comenzó
Pero, ¿por qué miles de personas coincidieron ese día, en esas horas y en ese lugar para hacer historia? Juan Domingo Perón integraba el GOU (Grupo de Oficiales Unidos), un sector del gobierno que había tomado el poder en 1943. Era un militar inteligente, que sobresalía entre sus camaradas y que se puso al frente de la Secretaría de Trabajo.
Desde este cargo secundario, formó una relación fructífera con el movimiento obrero favoreciendo un papel mediador del Estado. Fueron de su impulso la negociación colectiva, el diálogo intersectorial, el aliento a la sindicalización, entre otras medidas en una escala creciente de reconocimiento de derechos que otorgaron a los trabajadores una nueva identidad como actor social y político.
Esto ocasionó un cada vez mayor ascenso de Perón en los años siguientes, provocando recelos e internas en el gobierno. Hasta que en octubre de 1945 un sector del ejército logró desalojarlo de sus tres cargos públicos (por entonces Vicepresidente, Secretario en el Ministro de Guerra y titular del ya elevado Ministerio de Trabajo y Previsión).
La semana decisiva de lo que vendría comenzó el 9 de octubre, cuando Perón fue desalojado por la fuerza y excluido del gobierno. El 10 se le permitió hablar en un acto público oficial y su mensaje encontró eco entre los sectores obreros menos favorecidos, que habían encontrado en él un interlocutor válido para hacer oír sus demandas.
El día siguiente, el 11, Perón solicitó licencia y se puso a la espera de su retiro. ¿Su carrera había acabado? De ninguna manera: el 12 comenzaron las reacciones, una batalla campal entre manifestantes y militares en la Plaza San Martín dejó un muerto. Y el 13 Perón fue detenido y enviado a la Isla Martín García. Este alejamiento forzoso conmocionó y movilizó a los gremios y amplios sectores obreros.
Pasó el fin de semana de silencio absoluto sobre el tema. Hasta que el lunes 15 de octubre se informó que en las siguientes 48 horas lo regresarían a Perón a Buenos Aires, para recibir atención médica. Desde entonces y más aún desde el martes 16, una serie de movilizaciones que comenzaron en Berisso, se extendieron por La Plata, Avellaneda y otras localidades, pugnaba por ir hasta el centro mismo de la política nacional a exigir su libertad.
El miércoles 17 de octubre, a las 2 de la madrugada, Perón fue alojado en el piso 11 del Hospital Militar. En las horas siguientes los gremios anunciaron una huelga general para el día siguiente, el jueves 18, pero ya no había marcha atrás: Buenos Aires estaba siendo inundada por un “aluvión zoológico” de rostros de obreros que colmaron la Plaza de Mayo, principalmente, y otros puntos.
El reclamo fue unánime, ruidoso, colorido y esperanzador durante todo el día; hasta hubo tiempo de meter las patas en las fuentes de la plaza. La conciencia de los obreros de que las viejas conquistas podrían materializarse con el acompañamiento de un gobierno de tinte nacional y popular, era a esa altura un hecho irreversible.
Hubo que liberar a Perón, quien habló al pueblo en la Plaza de Mayo cerca de las 10 de la noche. Y desde ahí la historia es conocida: un gobierno y el masivo apoyo de un pueblo con conciencia; reivindicaciones y una honda identificación de las clases desfavorecidas con Perón y con Evita; un movimiento y una doctrina política, que se mantuvieron incólumnes hasta la muerte del líder, en 1975.

Por Lic. Julio Gómez

Consultor político formado en comunicación social y marketing

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