Jennifer Aniston: secretos, presión y exigencias detrás de la fórmula de la eterna juventud

A los 52 años, la más célebre de las estrellas de “Friends” fue tendencia mundial en el especial de la sitcom porque, a casi dos décadas del último episodio, es la única del grupo para la que el tiempo no parece haber transcurrido.
Las redes, siempre impiadosas, dieron su veredicto apenas empezaron a circular los avances del reencuentro: los 17 años transcurridos desde el último episodio de Friends solo se dejan ver realmente en sus protagonistas masculinos. En todo el mundo, los posteos de los fans dicen que David Schwimmer (54, Ross) tiene papada –y algo de botox para la ocasión–, que Matthew Perry (51, Chandler) lleva la huella de los excesos y adicciones de esa época en la cara y en cada palabra que pronuncia –aunque acuse por eso a una cirugía dental–, y que hasta el galán de la sitcom, Matt Le Blanc (53, Joey), se dejó las canas y subió tanto de peso, que algunos medios cambiaron con ironía su nombre por “Fat Le Blanc”.
Son mayores que ellos, pero el tiempo parece haber pasado más lento para Courteney Cox (56, Monica) y Lisa Kudrow (57, Phoebe), o al menos se nota que el esfuerzo para detenerlo ha rendido sus frutos, señalan algunos comentarios. Sin embargo, la tendencia universal desde que la revista People publicó la primera foto del grupo que anoche finalmente volvió al Estudio 24 de Warner, es Jennifer Aniston. A los 52, su Rachel podría seguir hoy con la serie exactamente donde la dejó el 6 de mayo de 2004, sin que los espectadores advirtieran ningún problema de continuidad. Las opiniones sobre la más célebre de las estrellas del casting y la única que logró imponer su nombre por sobre el de su personaje son unánimes: “Encontró la fórmula de la eterna juventud”; “Está igual”; “Todos envejecieron menos ella”; “Parece la hija de sus amigos”.
Dicen también una verdad irrefutable: esta reunión “muestra todo lo que hay que saber sobre cómo se tratan el género y la edad en Hollywood, donde a las mujeres no se les permite envejecer”. ¿Habría sido posible acaso volver a ver a los seis juntos si las que acusaran recibo de estas casi dos décadas fueran las chicas que sirvieron de modelo a toda una generación? ¿Tendría el mismo sentido el reencuentro si Aniston no fuera aún un modelo –y la imagen de marcas como SmartWater, Aveeno, Emirates Airlines, Elizabeth Arden, Living Proof, y la línea de colágeno Vital Protein– precisamente porque parece tener el secreto para verse 20 años más joven?.
Parte de ese secreto no es tan difícil de adivinar: la actriz de Mi novia Polly tiene un patrimonio neto de US$300 millones para invertir en tratamientos de belleza y antiedad. Pero también es cierto que sus ex compañeros de elenco también se hicieron ricos; Cox tiene $150 millones, Perry $120, Schwimmer $100, Kudrow $90, y LeBlanc $80. La genética puede ser distinta, pero tampoco es igual la presión. Ni su forma de lidiar con ella, claro.
Cox, por ejemplo, admitió hace unos años en el reality Running Wild: “Envejecer no fue lo más fácil para mí. Me la pasé tratando de ganarle al tiempo, como en una carrera. Hasta que me di cuenta de que no se puede. Pero es muy difícil, porque hay una presión para mantener la imagen que no depende solo de la fama, es solo por ser mujer”. Quien durante diez temporadas fue Monica Geller se arrepiente de algunas cirugías que la hicieron ver “falsa”. “Todo se cae, y yo trataba desesperadamente de evitarlo. Pero las caras necesitan movimiento, especialmente si tenés la piel finita, como yo”, explica, y asegura que para revertir ese efecto dejó que se disolvieran los rellenos que tenía y hoy recurre únicamente a tratamientos no invasivos, como el láser. “Soy todo lo natural que puedo y me siento mejor. Creo que me parezco más a la persona que era. O eso espero”.
Kudrow, en cambio, admite una única y dolorosa cirugía plástica: a los 16, cuando se operó la nariz. “En mi cabeza, pasé de horrible a no tan horrible. Lo hice un verano antes de cambiar de colegio así la gente nueva que conocía no iba a saber lo fea que era antes”, contó en 2013. Por entonces también confió que, en los primeros años del show, se veía “enorme como una montaña” al lado de sus compañeras de elenco, y mientras su Phoebe se mostraba muy lejos de aquellas preocupaciones terrenales, fuera de la ficción vivía sometiéndose a rigurosas dietas. A ella, sin embargo, los años le dieron seguridad y una relación más amable con su cuerpo. “Okey, sí, soy más grande, ¡la más grande del grupo! ¿Qué tiene eso de malo? –le dijo a The Sun– Le tengo terror al botox, a los rellenos y a las cirugías. No significa que nunca lo vaya a hacer, pero me da mucho miedo. Y pienso que todos somos más lindos cuando podemos sonreír”.
Dueña de una de las sonrisas más reconocibles de Hollywood, Aniston no podría estar más de acuerdo con su amiga. Alguna vez llegó a decir que, sobre todas sus rutinas de belleza, la fundamental era “reírse, dormir bien, y pasar 20 minutos diarios al sol para recuperar vitamina D, pero siempre con pantalla solar”. Tampoco le atribuyó jamás ningún mérito a los rellenos faciales ni al botox: “No digo que no los haya probado, sino que se ven ridículos en mí.”
¿Qué tácticas sí reveló en infinidad de notas, en gran medida gracias a los productos que la eligen como embajadora? La más repetida, tal vez porque el de SmartWater es uno de sus contratos de más larga data, es hidratarse (“Agua, agua, agua”). La ganadora de un Emmy y un Golden Globe como Mejor Actriz por su papel de Rachel toma cuatro botellas de 650 ml de agua mineral por día. A la vez, evita el alcohol, “que seca la piel”.
También contó que se hace tratamientos no invasivos, como la electroestimulación facial –a la que describe como “gimnasia para la cara”–, radiofrecuencia, Thermage y peelings breves con láser, “pero no de los que te dejan como un tomate pelado”, dice. Nombrada por People como la Mujer más Linda del Mundo en 2016, a los 47 años, no miente sobre su suerte: “Mi papá es 100% griego –le dijo a Yahoo!Beauty entonces– tiene más de 80 y apenas si tiene arrugas. Mi abuela murió a los 95 y casi no tenía.”
Algunas de sus rutinas de cuidados y limpieza, no distan demasiado de las del resto de las mortales. Se lava la cara todos los días desde que era una adolescente con el jabón facial de Neutrogena. Después se pone crema humectante Aveeno Positively Radiant Daily Moisturizer (qué claro, le paga millones para decir esto), con factor de protección solar 15. Su tip: “Suelo mezclarla antes con pantalla solar 30. Psicológicamente, no me hace sentir que me estoy poniendo capas y capas de crema.”
Los domingos son su día de spa: “Me hago una buena exfoliación facial, me pongo una máscara, y después una crema hidratante. Me la dejo toda la noche y, cuando me despierto, tengo la piel radiante y tersa.” Según contó en varias oportunidades, se hace tres exfoliaciones semanales para mantener su piel libre de impurezas. Parece que funciona.
Gracias a Courteney Cox, se hizo fan del sauna infrarrojo: “Ella tiene uno plegable que me cambió la vida. Es como un pequeño iglú. Sirve para rejuvenecer las células y eliminar toxinas. Lo uso un par de veces a la semana justo después de hacer gimnasia.” Porque, por supuesto, no todo es dormir y tirarse a tomar sol. Para mantenerse en forma, su base es el yoga, pero a eso le suma lo que llama “una trifecta: 15 minutos de bicicleta, 15 de running, y otros 15 de cross-training, para hacer un shock”.
Jen arranca el día con un vaso de jugo de limón tibio. Después desayuna casi siempre un batido de proteínas o media palta con dos claras de huevo. “Le pongo un poquito de aceite de coco. Y, a veces, cereales con una banana, o avena con clara de huevo, dependiendo de la rutina de entrenamiento”, dice. Además de eso, suma colágeno hidrolizado –es directora creativa de Vital Protein desde 2020– todas las mañanas: “Le agrego el polvo al café o al batido para fortalecer el pelo, las uñas y mejorar la piel.”
Cuando está en filmaciones, siempre tiene snacks saludables como huevos duros, palitos de queso magro, o sopas de verduras. Y su almuerzo favorito es ensalada de atún, pepino y lentejas. La dieta es una de sus claves para una piel brillante. “Comer buenas frutas y verduras, menos frituras… ¡todo lo frito es malísimo y las gaseosas también! Me alimento casi exclusivamente de frutas, vegetales, proteínas magras y agua”, le dijo a Women’s Health.
En 2017 le confió a Vogue el mejor truco de belleza que aprendió con el tiempo: “Creo que, con los años, todo se fue haciendo cada vez más fácil. Menos es más, menos maquillaje, menos escándalo, más naturalidad. Me di cuenta de que cada vez que trato de hacerme un peinado raro, o cambiar las rutinas con las que cuido mi piel, o de make-up, todo se me hace más complicado.”
Es un misterio por qué a esta eterna “novia de América”, que desde 2001 se mantiene entre las actrices mejores pagas de la industria, le preguntan tan poco sobre cómo se convirtió en una marca global –según Forbes es una de las celebridades cuyas caras más venden–, o por el éxito de la productora Echo Films, que creó con Kristin Hahn –responsable, por ejemplo, de las aclamadas Cake (2014) y The morning show (2019)–. O tal vez las razones no sean distintas de las que han hecho que durante cada uno de esos últimos 20 años, sin excepción, los medios hayan especulado sistemáticamente con sus supuestos embarazos.

Comentarios Facebook